Planta primitiva de Santiago

En febrero de 1541, de acuerdo a la normativa establecida por la corona española, especialmente por el emperador Carlos V hacia 1523 y, tras la asamblea que celebrara Valdivia junto al gobernador Quilacanta, el cacique Atepudo más once de sus acompañantes y señores de la tierra, se dio lugar al establecimiento de la población castellana en el valle del Mapocho. Esto explica que en la historia del urbanismo hispanoamericano, “la unidad planimetría y formal de los trazados primigenios y la existencia de ciudades idénticas en lugares tan apartados como Mérida en México y Osorno en el sur de chile·”

 

El sitio elegido comprende el territorio que se extiende, “al oeste del cerro Huelen o Santa Lucía, y al sur de la ribera del río Mapocho, entre el curso del éste y un brazo seco del mismo que más tarde formó la cañada o alameda de la ciudad”. Además, de acuerdo a la ordenanza real, las ciudades de América se fueron conformando en relación a “la distribución de las aguas”, por tanto, éstas deciden la dirección de las calles principales como la Cañada y la Cañadilla.

 

Si bien, no existen antecedentes precisos sobre el número exacto de manzanas que constituían el trazado inicial de la ciudad, llamada Santiago del Nuevo Extremo, Armando de Ramón plantea,

 

“La planta para la nueva población se compuso de manzanas de 138 varas de longitud que estaban separadas entre ellas por calles rectas de 12 varas de ancho, es decir se dejaron 150 varas (125,39 metros) desde el eje de cada calle hasta el eje de la siguiente”

 

De acuerdo al mismo autor, en el plano fueron delineadas nueve calles que atravesaban el territorio de este a oeste. Sin embargo, sólo seis atravesaban toda la planta. Las quince Calles en dirección norte-sur formaron 126 manzanas irregulares en virtud de la inclinación diagonal del río o la cañada. El territorio sobrante, fue dividido en chacras y quintas, que al pasar del tiempo, irían adquiriendo el grado de urbanización que conocemos hoy.

 

En suma, descontando la plaza central, el número de solares sobrepasa la cantidad de compañeros de Valdivia, lo que indica que a pesar de las disposiciones dictadas por la corona española, en “el sentido de otorgar solares “por suerte” a los pobladores; esto se rigió siempre por un principio representativo que partiendo desde la plaza, entregaba solares dependiendo a la calidad de las personas”. Por tanto, se adaptó una modalidad segregacionista, para la delegación del contingente nativo que acompaño a Pedro de Valdivia desde el Perú, pues, éste se instaló al otro lado del rio, en la chimba.

 

De acuerdo al relato de Vicuña Mackenna, Valdivia debió tener una clara preferencia para entregar morada a los vecinos de las calles que corrían de sur a norte. Dado que existe una mejor distribución de la sombra y de la luz, del calor y del aire, tanto dentro de las habitaciones como en la conveniencia de la vía pública. Pues, se distinguían claramente dos zonas; las casas de veredas al sol y aquellas carentes de éste, lo que para la higiene de la época era importante, en vista que el aprovisionamiento para el agua potable, sólo se llevaría a cabo en el siglo XIX.

 

Lo cierto es que Santiago hacia 1690, de acuerdo a la descripción de Jerónimo de Quiroga desde lo alto del cerro Santa Lucia, se apreciaba lleno de árboles frutales con infinitos jardines, tanto el radio urbano como sus alrededores. Una apreciación distinta tuvo el viajero Frezier en 1715, concluyó que Santiago, se caracterizaba por sus iglesias que eran “todas ricas en dorados, aunque su arquitectura pecaba de muy mal gusto, exceptuada la Compañía de Jesús que era una cruz latina construida sobre un orden dórico”.

Ecoferiantes y diseñadores formulario de inscripción clickear aqui!

Sponsors de la Semana del Barrio Esmeralda

Boletín de noticias

Recibe toda la información del barrio a través de nuestro Boletin de noticias
Registrate!!