Una vez realizado el circuito de la plaza, el alarife Pedro de Gamboa, un mes después de fundada la ciudad, “procedió a tirar los cordeles a los cuatro vientos para dar cabida a los ochenta cuadrángulos que debía contener la población”, con lo cual quedaría el diseño de las calles de la ciudad.
La delineación por el oriente, comenzó en la calle de Las Claras y desde su vereda oriental hasta el límite con el cerro, se extendían solares irregulares, delimitación que tenía su fin en calle Teatinos.
“Tal fue la primitiva planta de Santiago, desnuda de edificios i tal cual la trazó el cordel de Alarife Pedro de Gamboa. Juzgada su distribución por la crítica moderna, parecería un evidente error en que entonces no se hubiese dado más espacio a sus vías públicas ni señalado más lugares plazas i sitios de recreo para la población; pero en justicia es preciso confesar que aquellas eran en demasía abiertas para los hombres que venían de Sevilla i de Granada, de Cáceres y Trujillo, i que las últimas tuvieron mucha mayor estensión de la que nos ha reservado nuestra imprevisora codicia”
De acuerdo a Vicuña Mackenna, por un lado, la humildad de nuestra capital es notable en comparación a ciudades como Buenos Aires. Por otro, a diferencia de lo que se usa en México, Lima y la recién citada ciudad; nuestras calles se caracterizan por la nomenclatura de continuidad de un solo nombre, que sólo se ve interrumpida por una plaza. Salvo algunas excepciones, como Estado, llamada también, San Agustín, el Rei, Pescadería y el Basural.
Thayer Ojeda señala que nuestras antiguas calles son en su mayor proporción populares, pues, han sido bautizadas por el pueblo tomando en consideración algunas de sus particularidades notables. Vicuña Mackenna, en cambio, señala que los nombres de las calles son patronímicos, de estiramiento y acento formal, lo que indicaría la ascendencia gallego-vizcaína que poseemos.
Puntualmente, las calles sólo fueron bautizadas después de transcurrir dos siglos desde la fundación de Santiago. La llamada del Rei, fue una excepción, que más tarde sería reemplazada por, calle de la Independencia, Estado.
Parafraseando a Vicuña Mackenna, el ritual eclesiástico prevaleció generando un origen monásticos a los barrios más opulentos, además de tomar fe de bautismo a la exuberancia de sus moradores. Ejemplo de ellos es calle Ahumada, nombrada así por el capitán Valeriano de Ahumada que habito a principios de siglo XVII.
Otras calles en cambio, obedecen a circunstancias específicas o simplemente guardan directa relación con las tradiciones, ejemplo calle San Antonio. La causa de su nombre se vincula con el santo del altar de San Francisco que se vislumbra de “frente a frente de la vía cuando se abre su puerta lateral”. Sin embargo, esta calle hacia 1587 y por largo período, recibió el nombre de “Licenciado Pastene”, en memoria al héroe de Quillota.
Hacia 1551, Francisco de Quiroga tuvo su solar en la esquina nororiente de calle Monjitas, donde edificó una de las primeras casas de Santiago. Aún así, sólo a partir del siglo XVIII, la calle San Antonio junto a esta última y Merced, tomaría un mayor esplendor gracias a sus construcciones, “casonas con sólidos y enormes pilares de esquina y balcones volados en los altos”; por ese tiempo, las calzadas aún no existían.
El nombre de la calle Monjitas, nace a partir de las tres Isabelas, mujeres que se decidieron a vivir en oración, todas de llamadas Isabel, quienes conformaron más tarde una de las primeras congregaciones en Chile: Monjas Claras. Una vez instaladas en la esquina nororiente de calle Pero Gómez, se autodenominaron “Nuestra señora de la Victoria”. Allí permanecieron “143 años, período en que el pueblo se acostumbró a llamarlas ‘las Monjitas’.
Hubo calles que nacieron en los días de conquista, es el caso de Santo Domingo. A doña Inés de Suarez perteneció este solar que deslindaba con la Plaza de Armas donde vivía don Pedro de Valdivia. Su nombre se produjo por la llegada de los domínicos a la calle para instalar su convento, levantando su primer templo hacia 1906. Aún así, la calle sólo a partir del siglo XVIII alcanzó su máximo desarrollo, pues los desbordes del río Mapocho destruyeron gran parte de las casas del sector.
De ese período hasta hoy permanece la casa de Velasco con estilo colonial y declarada monumento histórico en 1981. Frente a esta, en la esquina norponiente, tenía su residencia don Pedro Fernández Recio, padre de los Fernández Concha, quienes más tarde hicieran un gran aporte a la congregación del Buen Pastor.
“el mismo Orrego Luco, tenia lazos personales con esta calle; en la esquina con Mac-Iver donde está la casa de Velasco y la de Fernández Recio, en el ángulo surponiente, el mismo donde naciera Ramón Freire, tuvieron su solar los Luco”
En suma, la casa donde hoy permanece la Primera comisaría de Carabineros, fue heredara por el Presidente Ramón Barros Luco. De acuerdo a Laborde, esta calle bien pudo llamarse “Los Presidentes”, comenzando por Freire, Ovalle, Santa María, Barros Luco y Bernardo O’Higgins.
Las calles Monjitas y Santo Domingo, fueron escenario de las pedradas entre santiaguinos y chimberos, San Antonio ha sido protagonista de las carreras a caballo, las que más tarde fueran suspendidas por el gobernador Guill y Gonzaga, estableciendo duras penas para los infractores.
La calle 21 de mayo, en cambio protagonizó episodios distintos. Hacia 1699, uno de los edificios públicos importantes fue la cárcel, a la que se accedía por calle 21 de Mayo.
La calle Ismael Valdés Vergara (1853-1916), fue rotulada con este nombre, gracias a un hijo del Chile Clásico, siendo estudiante de leyes y de familia liberal, se dedicaba a hacer clases gratuitas para obreros, fue uno de “los fundadores del Club de Progreso, abnegado “caballero de fuego” y autor de la “Historia del Cuerpo de Bomberos”, su espíritu público lo llevo hasta la Superintendencia de esa institución”.
La calle Enrique Mac Iver en cambio, lleva el nombre de un hombre de Estado destacado por la defensa de juicios arbitrales de Chile entre el período 1881 -1884. Abogado y político del Partido Radical; quien hacia 1891 participara activamente en derrocar al Presidente José Miguel Balmaceda y más tarde, sin éxito; en el conflicto limítrofe con Argentina por la Puna de Atacama.